Sitges, un capricho para los sentidos

Texto y fotografías - Alícia Bea

Un espacio cosmopolita y tolerante a orillas del Mediterráneo, refugio de artistas que imaginan sus obras entre las callejas de su casco antiguo, admirando los hermosos edificios modernistas o con los pies en la arena dorada de sus playas. Mar y montaña. Un referente turístico que seduce para siempre.

A pocos kilómetros de Barcelona, allí donde el Mediterráneo muestra su cara más amable y bajo el cobijo del macizo del Garraf, aparece una de las joyas más preciadas del litoral catalán, Sitges.

Esta población costera de origen pesquero, bautizada hace más de medio siglo como Playa de Oro, se asoma al mar con tanta ternura que parece arrullarlo. Así, a lo largo de cuatro kilómetros de litoral se suceden casi una veintena de playas caracterizadas por una arena brillante, fina y clara, que ven desfilar una moderna infraestructura turística y una excepcional oferta cultural y de ocio. No en vano Sitges forma parte del selecto club de ciudades Joyas del Turismo Europeo, y, conjuntamente con Donostia-San Sebastián, es la única ciudad del estado español presente en este forum.

El casco antiguo de Sitges, con encantadoras callejuelas que han sabido guardar el peso de la historia, es el centro neurálgico alrededor del cual se articulan los diferentes barrios de la villa. Allí se halla la iglesia de Sant Bertomeu y Santa Tecla, cuyo perfil recortando el cielo crea una de las estampas más representativas de Sitges. A sus pies discurre el paseo de la Ribera con sus jardines frente al mar y sus numerosos hoteles y restaurantes. El Vinyet-Terramar, con sus mansiones de indudable valor arquitectónico e histórico, L’Aiguadolç, zona residencial situada alrededor del Puerto de Aiguadolç, o el barrio marítimo de San Sebastián son algunas de las zonas en las que se divide este privilegiado enclave enmarcado entre el cielo y el mar.



Sitges cuenta con un rico pasado histórico favorecido por su privilegiada situación junto al mar Mediterráneo y por su condición de puente entre Barcelona y Tarragona. Ello le llevó a ser una de las primeras poblaciones con una agricultura de mercado, gracias al cultivo de la vid y, en especial, de malvasía, que tan famosa haría a Sitges. A finales del siglo XIX, esta villa ya poseía una gran riqueza cultural enmarcada, además, en un bellísimo paisaje que no pasó desapercibida para escritores y pintores que convirtieron esta población en su particular fuente de inspiración. Así sucedió con Santiago Rusiñol que escogió Sitges como lugar idóneo para instalar su residencia, el Cau Ferrat, y para celebrar las conocidas fiestas modernistas, poniendo a Sitges en el punto de mira internacional. A su muerte legó a la ciudad sus espléndidas colecciones de pintura, cerámica y hierro forjado que hoy pueden admirarse en el Museo del Cau Ferrat.




Otros museos de la villa que bien merecen una visita son el Casa Llopis-Museu Romàntic –que recrea el modo de vida de la burguesía del XIX- y el Museo Maricel del Mar con colecciones de arte medieval, renacentista y barroco. En cualquiera de ellos, el viajero puede adquirir una entrada combinada que permite la entrada a estos tres museos.

El ambiente artístico, bohemio y creativo de aquellos tiempos no se ha perdido y hoy en día son muchos los artistas que siguen escogiendo Sitges como su gran musa. No en vano, otro de los elementos que definen esta hermosa villa marinera es el dinamismo cultural que caracteriza a sitgetanos y sitgetanas. Su vasto tejido cívico y socio-cultural se manifiesta en numerosas entidades deportivas y asociaciones como la Sociedad Recreativa el Retiro y en el Casino Prado, tradicionales motores culturales de este pueblo. Gracias al interés de estos organismos y a la participación ciudadana el calendario festivo de Sitges no tiene desperdicio. A mediados de agosto y en honor a San Bartolomé, Sitges celebra su fiesta mayor, una explosión popular de ricos bailes populares, distinguida por los catalanes como “Fiesta de Interés Nacional”. El Corpus, la Vendimia, Santa Tecla o el Rally Internacional de Coches de Época son otras convocatorias que el viajero no debe perderse. Capítulo aparte merece el internacionalmente conocido Carnaval sitgetano. Miles de personas se acercan a participar de sus rúas y bailes de disfraces llevando a la realidad la frase de que todo es posible por Carnaval. Y es que esta magnífica expresión colorista de libertad es el propio reflejo del sentir de un pueblo que no distingue entre razas, religiones ni inclinaciones sexuales a la hora de dar su cordial bienvenida al llegado de otras tierras. Otras dos citas culturales que año tras año enseñan Sitges al mundo son el Festival Internacional de Cinema de Catalunya y el Sitges Teatre Internacional.

A la hora de comer Sitges nos brinda con satisfacción su plato gastronómico por excelencia, el xató. Se trata de una ensalada de escarola, bacalao, atún, anchoas, olivas arbequinas y negras, acompañada de una salsa única a base de ñoras escaldadas, almendras, ajo y aceite. Sitges le debe tanto a esta delicia culinaria que el ayuntamiento decidió declarar el día 13 de febrero Día Internacional del Xató. Otras exquisiteces fruto de la tradicional cocina de pescadores son los ranxos marineros y suquets, el arroz a la sitgetana y los all i oli anegats. En el apartado de bebidas, la malvasía es la más representativa. Se trata de un caldo licoroso, fino y oloroso, considerado un excelente vino de postres. Para comprobar las excelencias de su vasto recetario el viajero cuenta con una estupenda red de restaurantes y bares, aptos para las economías más diversas.

Para finalizar este recorrido turístico por el universo sitgetano, apuntar que en los últimos años el esfuerzo del sector hotelero y del ayuntamiento va dirigido a potenciar Sitges como ciudad de congresos. El resultado está siendo más que satisfactorio ya que en la actualidad Sitges es la segunda población de Cataluña donde se celebran mayor número de congresos y convenciones, sólo superada por Barcelona. Con estos pequeños apuntes, sólo falta su visita para comprender con exactitud el secreto del éxito de este paraíso mediterráneo.









Garraf,
un macizo lleno de posibilidades

A su inmejorable ubicación, volcada al mar, y a su admirable patrimonio cultural, Sitges suma con orgullo el hecho de ser uno de los espacios naturales más importantes del litoral catalán gracias a la protección del Macizo del Garraf, barrera natural entre Barcelona y la región. Así, dos tercios de su término municipal están incluidos en el Plan de Espacios de Interés Natural (PEIN).

Son múltiples las actividades que se pueden practicar en estas montañas, de fauna y geología muy características, entre las que destacan los majestuosos acantilados que se levantan sobre el mar. La erosión de la roca calcárea que cubre este macizo convierte esta zona en un paraíso para los espeleólogos gracias a unos fondos marinos excepcionales que toman forma en más de 260 cuevas y simas, además de un río subterráneo, conocido como la Falconera.

Ya en tierra firme, esperan al visitante desde cortos paseos forestales a largas travesías, ascensiones a montañas como la de en Boronet, Penya Riscla o el Castellot, con sus espléndidos miradores, rutas en bicicleta de montaña (BTT) y para los más atrevidos, la posibilidad de practicar la escalada deportiva y la escalada clásica en las paredes del corazón rocoso del Garraf. En definitiva, un amplio abanico de posibilidades para todos aquellos que deseen combinar su estancia en Sitges con la práctica de alguna disciplina deportiva.

Cómo llegar
Las principales vías de comunicación para llegar a Sitges son la autopista A-16, la carretera comarcal C-246 (conocida por Carretera de las Costas de Garraf) y el ferrocarril de RENFE con un servicio de cercanías a Barcelona y al aeropuerto internacional de el Prat, con una frecuencia aproximada de 15 minutos. La A-16 sitúa Sitges a tan sólo 20 minutos del principal aeropuerto de Cataluña y a 25 de la capital.

     
 
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Barcelona es la capital de la Comunidad Autónoma de Cataluña, situada al noreste de España y a orillas del mar Mediterráneo, unos 120 km al sur de la cadena montañosa de los Pirineos y de la frontera con Francia.
 
   
     
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